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Velocidad y sillitas, ¿qué ocurre cuando hay un frenazo brusco o colisión?

Velocidad y sillitas, ¿qué ocurre cuando hay un frenazo brusco o colisión?

¿Es lo mismo sufrir un frenazo brusco o colisión a 20 km/h que a 50 km/h? Por supuesto que no. Sin embargo, esto no quiere decir que nuestro sistema de retención infantil no haya sufrido daños. Debemos tener en cuenta que la misión principal de la sillita es proteger al menor ante cualquier tipo de impacto. Están diseñadas para ello pero, ¿qué ocurre con el SRI en sí? ¿Debemos cambiarlo por otro nuevo?

El informe “La contribución de la velocidad a la prevención de accidentes en España” elaborado por Fundación MAPFRE, revela que aproximadamente 400 personas salvarían la vida cada año si todos los conductores no excedieran los límite de velocidad. Y es que causa más de la mitad de todas las colisiones entre vehículos con fallecidos y el 44% de todas las colisiones con lesionados graves. La velocidad está íntimamente ligada a las consecuencias del siniestro y a su gravedad. El cinturón de seguridad y los sistemas de retención infantil son los que impiden que los efectos del accidente puedan ser peores reteniendo nuestro cuerpo dentro de habitáculo e impidiendo que pueda golpearse contra el coche, personas u objetos.


DAÑOS NO VISIBLES
Es muy difícil determinar el grado de daño que puede tener una sillita después de un frenazo brusco o colisión. Y es que en muchas ocasiones hablamos de daños que pueden ser no visibles a simple vista: daños en la estructura interna, en los anclajes, cierres, deformaciones, tensiones en el plástico… Si seguimos usando este SRI dañado, no protegerá como antes y nuestros hijos estarán expuestos a sufrir daños en caso de repetirse un frenazo brusco.

VELOCIDAD
Debemos tener en cuenta que a una velocidad de 60 km/h, la inercia multiplica aproximadamente por 56 el peso de los objetos y personas (un cuerpo que decelera experimenta una inercia que le empuja con una fuerza resultado  de multiplicar su peso por el valor de la deceleración). Ir a 60 km/h es una velocidad nada excesiva teniendo en cuenta que en poblado debemos ir a 50 o 20 kilómetros por hora. A esta velocidad, el peso de un niño se multiplica por 56. Si hablamos de un niño de 18 meses y 12 kg de peso, por ejemplo, a dicha velocidad su peso se vería incrementado en 672 Kg.

Por supuesto, también influye mucho si estamos hablando de un frenazo que se ha producido en una cierta distancia o de un frenazo brusco o colisión, donde podemos encontrarnos con otro objeto que nos impide seguir desplazándonos y, por lo tanto, las consecuencias y el impacto son peores (se pasa de 50 km/h a 0 en cuestión de centésimas de segundo). Influye tanto si ha sido un impacto en el que hemos dado nosotros por detrás a un vehículo de delante como si se trata de todo lo contrario, un coche nos ha alcanzado y colisionado con nosotros. Las velocidades y el tipo de accidente son distintos. Sin embargo, tanto el cinturón de seguridad como la sillita pueden sufrir igualmente.

Muchos fabricantes recomiendan reemplazar la silla en caso de sufrir un accidente con una velocidad de impacto superior a 10-20 km/h. En las pruebas de impacto de Euro NCAP se colocan a dummies que representan a niños de entre 6 y 10 años en un asiento o cojín. Las pruebas de choque están enfocadas a garantizar la seguridad de los menores en impactos a 64 km/h  pero en ocasiones se obvia cómo queda la sillita después del choque.

Muchos fabricantes de sillitas también hacen pruebas de impacto con sus productos. Las velocidades de impacto requeridas son de entre 30 y 50 km/h. Sin embargo, en muchos casos se realizan incluso a 65 km/h. Los dummies que se utilizan en estos choques reales muestran las lesiones que podrían sufrir los menores en caso de colisión. La idea es que sean los más parecido en tamaño y peso a los niños de la edad que se esté analizando.

Cuando se produce el impacto, el cinturón de seguridad lleva a cabo un comportamiento elástico: se estira durante segundos para después retener. La sillita y el ocupante siguen desplazándose durante un breve tiempo para decelerar y detenerse. Una conexión rígida empieza a decelerar en el mismo momento en que lo hace el vehículo. Como vemos aquí, también influye mucho el tipo de fijación de la sillita.

En cualquier caso, lo recomendables es que tras sufrir un frenazo brusco o colisión considerable, revisemos detenidamente el estado de nuestro SRI. Ante la menor duda, la mejor opción es cambiarla por una nueva. No hay que correr riesgos cuando hablamos de seguridad. 

 

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