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Estas son las razones por las que un arnés apretado es un arnés seguro

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Ante una colisión, nuestro cuerpo tiende, por inercia, a seguir su movimiento hacia delante, y por tanto el objeto del cinturón de seguridad o arnés (en adelante usaremos indistintamente un término u otro) es impedir ese movimiento para evitar lesiones.

El funcionamiento de un cinturón de seguridad es complejo. En este enlace podemos ver una cronología de los primeros milisegundos de una colisión, y entenderemos bien cómo actúa un cinturón de seguridad correctamente abrochado y ajustado. En síntesis, podemos decir que un cinturón bien ceñido se opone al movimiento del cuerpo, que tiende a salir despedido hacia delante cuando se da una colisión, y se opone hasta cierto punto. Una vez que la presión del cuerpo sobre el cinturón sobrepasa cierto umbral, la tensión del cinturón cede ligeramente para prevenir las lesiones que, de otro modo, provocaría el propio arnés sobre el cuerpo del ocupante.

Al dispositivo que consigue esto se le llama limitador de carga, y su explicación es sencilla: si se permite que el cinturón siga apretando el cuerpo, sin ceder, provocará lesiones en el cuerpo humano. Si se permite una cierta (y leve) relajación de la tensión, el cinturón acompañará unos milímetros al cuerpo que sujeta, permitiendo que dicho cuerpo decelere todavía más su velocidad “de escape”, pero protegiendo totalmente al ocupante. Entendiendo esto, podemos detallar las razones que hacen que todo funcione bien solo si el cinturón está bien ceñido al cuerpo antes de la colisión.

Antes de explicar esto, debemos mencionar los pretensores del cinturón de seguridad. Existen de muchos tipos, pero su misión es la de anticiparse a una colisión tensando fuertemente el cinturón para ceñirlo al cuerpo, en cuestión de milisegundos. Así, los coches que disponen de estos sistemas contribuyen a minimizar posibles lesiones. Con todo, si impedimos que el pretensor actúe correctamente, el sistema no funcionará como debe.

Si nos ponemos en el caso de que el cinturón presenta holguras antes de una colisión, por ejemplo porque tenemos una mano entre el cinturón y el cuerpo, hemos usado una pinza para separar ligeramente una de las bandas, o el cinturón está en mal estado de conservación y queda “flojo”, en caso de colisión el pretensor puede funcionar mal y “llegar tarde”, es decir, ejercer la pretensión cuando el cuerpo ya se ha desplazado más de lo recomendable. En ese caso el resultado es contraproducente.

Esto mismo sucede si nuestro coche no lleva pretensores incorporados, pues la holgura (aunque sean escasos milímetros) permitirá que el cuerpo del ocupante se desplace ese espacio antes de que el cinturón ejerza su sujeción. El resultado es que el propio arnés provocará lesiones, y además funcionará de forma incorrecta.

Las razones para tensar bien el cinturón antes de salir son claras: con el cinturón ceñido, el pretensor (si lo tenemos) hará bien su trabajo; si el pretensor funciona correctamente, el cinturón de seguridad hará bien su trabajo; si el cinturón hace lo que debe, el airbag se desplegará en el momento idóneo para minimizar el impacto. En el caso de las sillitas, mantener el cinturón del coche tenso (en aquéllas que no disponen de ISOFIX) irá en beneficio de la sujeción del propio SRI, y a su vez, ajustar bien el arnés al cuerpo del niño ayudará a protegerlo mejor.

Ajustar bien el cinturón, ceñirlo al cuerpo, es cuestión de unos segundos, menos de los que tarda el aceite del motor en empezar a lubricar cada recodo del mismo. Es sólo una cuestión de proteger lo que más nos importa.

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