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¿Es el precio un obstáculo a la hora de comprar una sillita nueva?

¿Es el precio un obstáculo a la hora de comprar una sillita nueva?

02/10/2017

Las sillas infantiles para coche son un elemento no solo obligatorio, sino vital para la protección de los más pequeños de la casa cuando nos desplazamos en automóvil. Todos tenemos el deber de disponer de una de estas sillas adaptada a las características físicas del niño, y de utilizarla correctamente en nuestros vehículos, anclándolas adecuadamente y sujetando bien a los pasajeros.

Sobre todo, nos debe preocupar la adecuación de la silla al niño en particular, y que sea un producto debidamente homologado. No tiene más importancia que la comodidad a la hora de su instalación el que se trate de una silla con ISOFIX o que se ajuste mediante el cinturón de seguridad, pues en ese sentido su seguridad es equivalente. La silla debe estar homologada y ser adecuada al pasajero, pero ¿qué pasa con el precio? ¿Influye decisivamente a la hora de comprar una silla de auto?

La realidad es que sí influye, lamentablemente. Existe la percepción de que las sillas de mayor calidad son caras, y a la inversa, que las sillas más baratas del mercado son menos “buenas” que las más “caras”. El concepto de caro o barato es muy relativo, puesto que en temas de seguridad el precio determina, en gran porcentaje, la calidad de los materiales y la resistencia de los mismos, así como su mayor o menor tendencia a perder eficacia con el tiempo.

Un factor que eleva el precio desde el punto de vista del consumidor es el IVA aplicado al producto, que es del 21%. Para algunos expertos es una clave importante del importe final. A los elementos y productos como los vehículos para minusválidos, sillas de ruedas y para transporte de colectivo de minusválidos se les impone un tipo del 4%, el IVA súper reducido, por entenderse productos de primera necesidad. En el caso de las sillas de auto, dada su vital importancia para la seguridad de los pequeños y su obligatoriedad, parece razonable pedir un tipo del 4% en lugar del 21% que estipula el régimen general.

Bajar el IVA de este tipo de producto haría más fácil el acceso al mismo a las familias con menores recursos. Para poner un ejemplo concreto, imaginemos una silla de auto que cueste 250 euros antes de impuestos: con el IVA al 4% el precio final sería de 260 euros, mientras que con el IVA del 21% supera por poco los 300 euros, siendo muy sustancial la diferencia de precio final entre ambos casos.

Como colofón, recalcar que la inversión en seguridad no admite regateos, y que en general las sillas baratas peor paradas suelen ser, además, las que se usan por más largo tiempo: las equivalentes a los grupos 2/3.


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