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Conducir con un niño dormido

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Los niños a veces parecen hechos de otra pasta, y son capaces de dormirse en cualquier sitio y en cualquier postura, pero aun así debemos poner un poco de nuestra parte para que una vez conciliado el sueño, no se conviertan en una pelota de pinball y su cabeza rebote de un lado hacia otro. Lo normal es que se despierte pero también podemos hacer que se haga daño.


El primer paso para que el niño viaje dormido de forma cómoda y segura empieza en la elección de la silla. Lo ideal es elegir una que tenga las máximas posibilidades de regulación. Por ejemplo, hay sillas que se recuestan levemente (siempre dentro de un rango para evitar el efecto submarino) y así evitan que el niño vaya demasiado erguido mientras duerme.


También suelen contar con regulación a la altura del la cabeza con un reposacabezas que se puede llevar hacia adelante o hacia atrás a voluntad. Gracias a ello, la cabeza del niño queda también ligeramente recostada con lo que estará mucho más cómodo. Y comodidad significa un sueño reparador más largo y un viaje más fácil para nosotros.


Pero aunque dispongamos de una silla con la que se sienta más cómodo, nuestra conducción también debe adaptarse en la medida de lo posible al estado de nuestro hijo. Estando dormido y con los músculos completamente relajados, lo ideal es que realicemos una conducción lo más suave y relajada posible, evitando los balanceos del coche en la curva que se convertirán en movimientos de la cabeza del niño de un lado a otro.


Un paso por curva a una velocidad algo más reducida, evitar acelerar y frenar de forma brusca, una música en el coche que invite al relajamiento y una temperatura interior entre los 20 y los 22 grados hará que viaje casi sin enterarse y cuando abra los ojos, estemos un poco más cerca de nuestro destino.

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