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Cómo afrontar un viaje largo en avión con un niño

Cómo viajar en avión con niños

Si viajamos en coche al menos podemos recurrir a hacer paradas cada poco, todo lo que sea necesario, para romper con la rutina y monotonía del viaje, y que así al niño no se le haga tan largo, pero en un avión esto es imposible.

Así que es mejor estar preparado para evitar llegar a una situación incómoda para el niño (y también para el resto de los pasajeros, que en general no desean que un niño se ponga a llorar desesperado porque no aguanta más dentro del avión). Que el niño viaje distraído o pueda jugar durante el viaje, hará que se le pase el tiempo mucho más rápido.

En los aviones la tripulación suele repartir algún pequeño juego para que el niño se entretenga. Suele ser algún recortable en papel, o bien papel y lápices de colores para que dibuje. Esto ayuda, pero tú también puedes ir equipado desde casa.

Por ejemplo puedes llevar el peluche favorito de tu hijo: le hará compañía, extrañará menos ese espacio desconocido que es el avión y le permitirá sentirse más cómodo. También puede llevar algún juguete que no ocupe mucho espacio y que pueda utilizar estando en su asiento, o algún libro o tebeo que le guste.

Los smartphones y las tablets pueden ser un gran aliado porque puedes dejarle jugar con algún videojuego adecuado a su edad que le guste jugar, o puedes ponerle alguna película o serie que le entretenga.

Otro recurso es que vaya sentado junto a la ventanilla y pase un buen rato viendo cómo el avión sobrevuela la tierra y las nubes. Si le vas explicando lo que ve, se lo pasará todavía mejor. Incluso puedes plantearlo como un juego, por ejemplo con algo tan sencillo como el “veo, veo”.

Es muy recomendable también que lleves algo de comida y bebida para el niño, también le mantendrá entretenido un rato, y sobre todo será bueno para él. En los aviones, debido a la climatización, el ambiente suele ser bastante seco y conviene beber con frecuencia para no deshidratarse.

Si consigues que tu hijo vaya buena parte del viaje dormido, será muchísimo más llevadero el viaje para él. Puedes conseguirlo si planificas el viaje según los horarios del niño. Por ejemplo si sabes que tu niño se duerme una siesta por la tarde después de comer, aprovecha e intenta que tu viaje coincida con esos momentos.

Cuando los viajes son muy largos, y aunque un niño no tenga problemas de espacio para las piernas por filas de asientos estrechas (que probablemente sí lo sufrirás tú como adulto), puedes dar un pequeño paseo con él por el pasillo del avión, romperá un poco la monotonía del viaje. También puedes aprovechar este momento para llevarle al baño.

Si el niño tiene molestias en los oídos por los cambios de presión que experimenta el avión, puedes darle un chupachús. Para casos más complicados también hay medicamentos específicos (gotas para los oídos). Y lo mismo si se marea, ten varias bolsas contra el mareo a mano por si acaso, y si ya sabes lo que puedes pasar, habla con el pediatra para darle antes de volar un medicamento para evitar el mareo. Los peores momentos son el despegue y el aterrizaje.

Por lo demás, no te asustes más de la cuenta, lo más probable es que tu hijo se suba al avión emocionado e ilusionado por volar. Eso sí, recordad que en los aviones los niños también pueden (y deben) utilizar sistemas de retención infantil.

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