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Así es un coche adaptado para un niño en silla de ruedas

Coches adaptados

Si el pequeño tiene que usar una silla de ruedas para moverse, deberemos buscar un vehículo que se adapte a sus necesidades para desplazarnos. Como no hay coches que vengan adaptados de fábrica, salvo contadas excepciones, lo más habitual es encontrarnos con coches modificados en cuyo espacio trasero se realiza una modificación para acoger al niño montado en su silla de ruedas.

Para conseguirlo, normalmente se toma la base de grandes monovolúmenes o furgonetas en su variante de pasajeros. Algunos modelos son más apropiados que otros para que los talleres realicen las modificaciones oportunas. Un buen espacio y formas regulares hacen que las adaptaciones sean más sencillas y satisfactorias.

Según salen de fábrica en su versión estándar, estos vehículos tienen un suelo del habitáculo que quedaría muy alto para colocar una rampa y subir sin hacer mucho esfuerzo. Para ello se tienen que modificar los interiores creando de forma casi artesanal un cajeado específico con el que dejaremos el hueco donde irá la silla de ruedas unos 20 centímetros más bajo que el resto del piso.

Básicamente, para hacerlo, hay que quitar la parte del suelo que vayamos a rebajar y colocar una caja que mantenga las mismas propiedades de resistencia y torsión. No se puede comprometer la estabilidad del vehículo, así que este tipo de modificaciones tienen que hacerlas personal con experiencia y debidamente homologado.

Con la caja hecha, hay que soldar todo bien y rematar para que quede un compartimento tan estanco como lo era al salir de fábrica. El portón o las puertas traseras deberán incluir la parte inferior correspondiente del paragolpes para que el acceso sea por un espacio totalmente recto.

Y ahora que tenemos un suelo rebajado, toca el turno de instalar un sistema para subir la silla. Aquí encontramos varias maneras, ya que se puede recurrir a la típica rampa de despliegue manual, a una rampa más pesada con accionamiento eléctrico/hidráulico, a una plataforma elevadora o a una grúa.

Sea cual sea el sistema debe ser el que mejor se adapte a nuestras necesidades teniendo en cuenta las capacidades de quien ayude al niño a subir y bajar del vehículo, del tipo de silla de ruedas (normal o eléctrica) o del peso que tiene que soportar el sistema de acceso.

Una vez con la silla en su lugar, la rampa/grua/plataforma debe recogerse de forma firme sin suponer un peligro por movimientos con el vehículo en marcha, ni para el niño ni para ninguno de los ocupantes. Pero también hay que repartir, bien en el cajeado del suelo o bien sujetos a la estructura del coche, unos anclajes con los que asegurar la silla y que se mantenga en su lugar con los baches y las curvas.

Suzuky life

Pero, ¿por qué son tan caras las adaptaciones de los vehículos?

Además de laboriosas, las adaptaciones pueden tener un coste elevado debido a todos los procesos legales que hay que seguir. Cualquier modificación debe homologarse obligatoriamente. De hecho, si no homologamos todas las modificaciones, la consecuencia directa es que nuestro coche no pasará la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) y, por consiguiente, no podremos circular con él, ni asegurarle apropiadamente, ni transferirlo en caso de que decidamos venderlo.

Para homologar una modificación, deberemos ir a la ITV a pasar la correspondiente inspección aportando una serie de documentación que nos requerirán para poder dar el visto bueno. Tendremos que contar con un proyecto técnico y un certificado de final de obra expedidos por el taller que haya realizado el trabajo, un informe con las piezas (marca, modelo y referencia) utilizadas en la modificación, informe de conformidad con el visado de un laboratorio autorizado por industria, proyecto técnico visado por el colegio de ingenieros y fotos del vehículo.

Coche adaptado
Todo esto quiere decir que las modificaciones no las puede hacer cualquiera ni de cualquier manera, tienen que estar bien hechas y tienen que pasar una homologación. Pero aún hay más, porque si la modificación que el fabricante hace es mediante un sistema que haya que montar directamente, es posible que para homologarlo de cara a su comercialización se le exijan pruebas de choque o destrucción para comprobar que es seguro.

Este proceso hace que el coste de comercializar cada unidad de adaptación se dispare. Al final no sólo tenemos que sumar el coste de fabricación e instalación, sino también la planificación, el desarrollo, la construcción y todos los gastos consecuentes del proceso de homologación. No obstante, cualquier coste es inferior al riesgo que supone las consecuencias derivadas de un accidente.
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