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Ciclomotores y coches eléctricos pequeños como regalos de Navidad, ¿qué precauciones debemos tomar?

Ciclomotores y coches eléctricos pequeños como regalos de Navidad, ¿qué precauciones debemos tomar?

23/12/2016

Existe una gran diferencia entre un ciclomotor eléctrico de juguete y un vehículo matriculado, como es obvio, pero a la hora de circular con ellos, los peligros a los que se enfrentan sus conductores son bastante similares. En el caso de los vehículos eléctricos “de juguete” nos referimos a los más pequeños, de plástico y con un pequeño motor que apenas consigue una velocidad más rápida que los pasos del niño.

Nos referimos a toda suerte de minimotos, miniquads, e incluso minicoches eléctricos (como buggies o karts) que, a pesar de tener escasa potencia y de ser vehículos no autorizados para su uso en la vía pública, desarrollan velocidades que implican un riesgo grande en caso de una colisión.

Por ejemplo, las minimotos son pequeñas motocicletas que pesan menos de 45 kg y que tienen motores con potencias inferiores a los 4 CV y pueden llegar a circular a entre 40 y 65 km/h, pero estas son las más simples de todas, puesto que hay otras minimotos capaces de superar los 100 km/h, si bien estas son modelos previstos para la competición. Sea como sea, estos vehículos pueden ser operados por niños de 4 años, y en general, por cualquier escolar.

En el caso de los buggies (ya sean eléctricos o de motor de combustión), los quads y cualquier otro tipo de vehículo de 2, 3 o 4 ruedas, tanto los padres como los propios niños deben observar una serie de indicaciones de seguridad básicas, que no deberían ser pasadas por alto.

Las lesiones más frecuentes en los llamados “ATV” (All Terrain Vehicles, o vehículos todo terreno en español) son en la cabeza, que son las más graves y son las que más fallecimientos provocan. Le siguen las lesiones graves, pero no mortales, en la cabeza, espina dorsal, lesiones abdominales y traumas múltiples. Las abrasiones, laceraciones, fracturas de clavícula y extremidades son muy comunes, y menos graves.

La primera recomendación que podemos hacer es que tanto los padres como los propios niños deben ser conscientes de los riesgos que supone circular con estos pequeños todo terreno (y no nos referimos a los juguetes como tales) en el jardín o en una finca. Las caídas son probables, y estar suficientemente protegidos es fundamental. Por ello, tanto el casco (de moto, no de bicicleta) como las protecciones adecuadas deberían ser obligatorias para los niños.

Si hablamos de ATV algo más potentes, que desarrollen más velocidad, los menores de 16 años no deberían utilizarlos sin supervisión, y sin la preparación adecuada, ya que a esas edades tempranas se puede malinterpretar la velocidad, pero sobre todo sus consecuencias cuando ocurre algo inesperado.

En el día a día, se recomienda que los niños no lleven pasajeros en estos pequeños vehículos, ya que las lesiones más habituales se dan en el pasajero o “paquete”, y sobre todo no utilizarlo en la vía pública, sino en lugares apartados o acotados, sin peligro de convivir con otros peatones o con los demás vehículos.

Se deben adoptar todas las medidas de seguridad al alcance tanto en el caso de los vehículos de dos ruedas, como en los de tres y cuatro, incluyendo casco y protecciones (gafas, y en algunos casos también protecciones en codos, rodillas y hombros), cinturones en el caso de los vehículos de tres y cuatro ruedas (por ejemplo, los buggy), y considerarlos como lo que son: vehículos.


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